Ser asesor inmobiliario es una profesión hermosa y digna, pero también puede ser tan injusta como ingrata.

Esconde aspectos laborales que muy pocas veces son públicos, menos aún en las redes sociales, donde todo el mundo está obsesionado por ofrecer su mejor imagen.

Breves reflexiones desde la realidad inmobiliaria

El 75 % de los asesores inmobiliarios que inician su andadura llenos de ilusión en este sector, entre tres y cinco meses desgraciadamente ya no estarán en él…

Esta triste realidad laboral esconde aspectos multifactoriales, pero posiblemente el más preocupante de todos, es que no reciben nada, o prácticamente nada de formación que les sirva de apoyo en sus funciones comerciales diarias. Trabajo y funciones, que no nos engañemos son muy duras, especialmente en la calle, que es donde está el mercado a dominar.

La competencia es implacable, y no va a serlo menos en el 2018, por no hablar de comprador y vendedor, que por las malas prácticas de antaño, se nos ve como una profesión un tanto especulativa entre otras opiniones.

Las agencias y empresas inmobiliarias que se valoren como tales, están más que nunca obligadas a dar una formación de notable calidad a sus asesores, es más, es lo que se espera de ellas como empresa y corporación organizada.

Despedir a un agente que no alcanza una determinada rentabilidad en una agencia, es una sencilla crueldad, si antes no se le ha formado de un modo tan competitivo, como lo es el terrible nivel de exigencia que se va a encontrar sí o sí en este mercado a diario.

Apoyar a un asesor a ser competitivo, es darle sistemas, métodos y herramientas que pueda utilizar diariamente, hasta convertirse con la experiencia en una agente realmente capacitado llegando a ser de élite.

Por reflexionar finalmente, toda profesión que se precie como tal, necesita una sólida base formativa, y esto no es otra cosa que medios y recursos de calidad al alcance de todo el equipo comercial, pero de un modo constante y actualizado, es decir, dar una formación hoy para que sea de por vida, es el sueño de un incompetente.

Un asesor inmobiliario con poca o sin ninguna experiencia, no puede ser un soldado en el frente de batalla sin armas ni preparación, como tampoco es profesional darle una pseudo formación improvisada, pidiéndole que “capte y venda”… como si esto fuese magia… porque no, no es magia.

Es muy fácil crear la justificación del despido de un hombre o mujer. Tan sencillo como sustituirlo por otra persona donde se perpetúe el ciclo de lo absurdo; pero cabe pensar… dónde radica una parte esencial de la raíz del problema, y quién debería reflexionar sobre sus propias responsabilidades, así como las del equipo que dirige, o la empresa que él mismo creó.

Formación y Coaching Inmobiliario

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